Bocas: Nestor Humberto Martínez

Sigo pensando en Gregory Heisler y en Dan Winters cuando le tomo fotos a los políticos. No me alejo de David Hobby quien me dio las pautas para el mejor uso de los speedlights, luz de separación, paraguas, claroscuros, "Rembrandt". Me gusta el tema de convertir a los personajes en íconos. Tal vez voy encontrando un sello en los retratos y así como Irving Penn los arrinconaba para fotos a sus personajes, me gusta tomar la foto de perfil de estos señores que de alguna manera, siempre nos muestran sólo una de sus facetas.

Como casi siempre pasa, llegamos al lugar de las fotos sin haber estado nunca. "Es en la casa de él", me dijeron. Eran como las 8 de la noche. Nos recibió en la sala-estudio. Ahí había una silla como las que uno ve en televisión que tienen los psiquiatras. Le dije que hiciéramos una terapia. Ese comentario terminó tomándose por broma y en lugar de acostarse, se sentó en el borde para la foto y le pregunté qué libro estaba leyendo. No recuerdo el título (no tengo tiempo para anotar tampoco, ni gozo de buena memoria) pero algo tenía que ver con procesos de paz en otros países.

Hice un paneo rápido del lugar y vi un par de fondos que me gustaron. Puertas altas y oscuras. También usé mi colapsible (Fondos Botero) y una silla. Hice todas las fotos con un speedlight + octa y en la foto de la silla psiquiátrica, mezclé luz ambiente con el octa.

Le pregunté por una foto de su papá. Significó mucho para él. Sacó la foto y les hice una foto juntos. Lo vi emocionado. "Es la mejor foto que le tomaron a mi papá en la vida", dijo.

Estas son las fotos de este personaje.

 

  

Propósito para el 2015: Retratos muchos retratos

Muy contento con todas la experiencias vividas en el 2014, con el apoyo de mi familia, de los seguidores; el encuentro con mucha inspiración que dan los viajes, los libros y los nuevos amigos. Aprendí bastante. Y conocí gente maravillosa con la que tuve el privilegio de compartir conocimientos.

En este 2015, la idea es mejorar, aprender de los errores, practicar y hacer más amigos. Se dibuja en el horizonte una línea muy interesante con proyectos fotográficos que me ilusionan. 

Uno de mis propósitos para este año, a parte de comer mejor y ver más fútbol, es avanzar en mi libro "Retratos que hablan", iré publicando avances para que vayan conociendo a los protagonistas.

Sin duda, incluiré anécdotas de las sesiones de fotos que he tenido con personajes que ya hacen parte de un pedazo de la historia de mi vida: como mi encuentro mágico con Fernando Botero en Londres, la contra reloj con Luis Alberto Moreno, los cinco minutos con Falcao, etc. 

Esta es la oportunidad que me da la Revista Bocas con cada invitación que me hace a tomar fotos a personajes que entrevistan.

Me preparo para mi séptima y feliz portada de la Revista Bocas!

Acá una de las fotos que le hice a Juan Pablo Montoya para el número de diciembre!

juan pablo montoya

 

Bocas: Mis cinco minutos de gloria con Caterine Ibargüen

Esta es la historia de un par de fotos que le tomé a Caterine Ibargüen en octubre de 2014 para la Revista Bocas. Una de ellas me la soñé como portada. Sería el riesgo de intentar lo que no se había hecho. Era seguir con la idea de convertir a las estrellas en íconos. 

De la querida atleta de Apartadó, Antioquia les digo que es una "bacana" completa. Es alegría al cien. Es una ganadora. Recuerdo el orgullo que sentí cuando a punta de "berraquera" colombiana y corazón (estaba lesionada de una pierna), consiguió la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. En ese momento, con ella, saltaba triple todo un país hacia la gloria!

Cuando la Revista Bocas me invitó a tomarle fotos a la mejor atleta del país y muy posiblemente a la mejor atleta del mundo en este momento, sentí una enorme emoción y por su puesto, un gran honor!

Sucedió que me avisaron de las fotos dos semanas antes de la sesión. Tuve, como cosa excepcional, tiempo para pensar. Como les decía, terminé soñando con la foto. Sin embargo, con todo el tiempo que tuve para pensar, ese sano ejercicio no pasa de ser una ilusión porque cuando se llega el momento de hacer click, se puede diluir todo lo pensado, en segundos.  

Antes de soñarme con la foto, mi cabeza dio muchas vueltas. Estudié opciones. Vi fotos. Leí sobre ella. Vi más fotos. Pero no reventaba la idea. Pasaba el tiempo y no tenía una idea que me diera la tranquilidad. Sabía que Caterine era una negra linda con un cuerpazo y una sonrisa de concurso. 

¿Qué hacer con ella sin saber dónde se tomarían las fotos? 

"Vamos a ser portada", me dijeron. "Vamos a tomar las fotos en un hangar". "Nos van a dar como cinco minutos con ella". Era claro que iba a ser un reto y a contra reloj.

Mi ejercicio entonces fue pensar cómo hacer una foto histórica, con recordación, con impacto visual, en formato vertical para portada y, claro, en cinco minutos! 

El reloj de arena imaginario, me decía que se llegaba el momento de las fotos y necesitaba una respuesta correcta y ganadora. 

Después de echarle bastante cabeza, se me aparecieron dos imágenes en la cabeza: una saltando verticalmente y otra en la que estuviera sentada abrazando sus piernas. Esa última me daba la sensación que podía ser interesante si se lograba. 

Para la foto del salto, pensando en portada (vertical), sabía que no podía ser un salto horizontal. ¿Cómo decirle que saltara verticalmente? Ahí fue cuando se me ocurrió llevar una cuerda. Claro, le diría que saltara cuerda. Segunda foto resuelta. 

Cuando llegamos al hangar, una hora y media antes de la hora acordada, nos encontramos con algunos obstáculos. "Tiene que estar vestida con la marca", "No pueden hacerse acá porque el flash puede interferir con las luces del fotógrafo de la marca", "Este es el sitio para las fotos", me indicaron un rincón pequeño. Casi se me enredan las ideas con las que llegué.

Sin embargo, y a pesar de las limitaciones adicionales al tiempo, con mis asistentes Andrés Nava y Jorge Magallanes, optamos por mantener vivas las ideas originales. El reto era saber aprovechar nuestro rincón de la mejor manera.

Cuadramos las luces. Usaría el octabank como luz principal, fondo totalmente negro y dos speedlights como luces de contorno. Listo el montaje. Hicimos las fotos de prueba.

Llegó Caterine. Bonita. Alta. Fuerte. Femenina. Estaba un poco seria. Me presenté y le expliqué qué haríamos. Hicimos dos fotos con el vestuario de Herbalife y luego decidimos la pinta que usaría para las otras fotos. Se cambió rápido y arrancó nuestra carrera contra reloj. Poco a poco la seriedad se convirtió en risa. Habíamos roto el hielo. Tomamos fotos de cara y medio cuerpo. Pon las manos en la cintura, así, como la mujer maravilla. Eso. Clic.

Segundos después, llegó el momento de lanzar mi primera flecha: ¿Te puedes quitar los zapatos y las medias? le pregunté dándole tiempo para que lo pensara. "Déjame ver cómo tengo las uñas... están bien", dijo Caterine. Listo, te puedes sentar ahí por favor y te abrazas a tus piernas con todo el cariño del mundo... Perfecto. Un par sonriente. Un par seria. Un par sin expresión. 

Segunda flecha: Me gustaría que ahora hicieras unos saltos con este lazo. "Está bien, pero me tengo que poner los tenis porque no me quiero lastimar los pies", aceptó.

Click click. Un par de chistes. Un par de sonrisas. Un par de saltos. Y se acabaron los cinco minutos de gloria con Caterine Ibargüen.

En consejo editorial tomaron la decisión de irse por las fotos que hice de cerca y escogieron un retrato de Caterine sonriente, que en la portada diseñada me pareció muy bonita.

Acá les presento la foto que más me gustó de las que tomé ese día y la de Caterine saltando lazo.

Quedé contento de haber logrado las dos imágenes que soñé hacerle a la gran leyenda del deporte mundial.

Y de paso, les presento, más abajo, la quinta y feliz portada que hice para Bocas.

 

caterine ibarguen by pablo salgado




Bocas: Antanas Mockus

Cuando a uno le dicen que va a ir a tomarle fotos a alguien a quien usted admira profundamente, la vaina coge un color increíble. Eso me pasó con el profesor Antanas Mockus.

Llegué a su casa de día. Hice una inspección rápida de dónde haría las fotos. Decisión tomada: en la sala. Cerré todas las cortinas y oscurecí la sala. Puse uno de mis fondos colapsibles Botero tapando la biblioteca. ¿Por qué? Porque me aburrí de mostrar bibliotecas y gente al frente de ellas. Me parece que es un recurso bastante utilizado. Casi listo. Me faltaba una mesa, una silla, hacer unas tomas de prueba y ya.

Me fui para la cocina y vi la mesa perfecta para la pose. Estaba llena de cosas. Le dijimos a la empleada de la casa que nos la prestara. Refunfuñó un poco, pero accedió. Luego la silla y ahora si listos para las pruebas de luz.

Todo cuadrado para las fotos a Antanas Mockus. 

En mi cabeza ya había pasado en que Mockus era un personaje icónico. Como nuestro "Abraham Lincoln" haga de cuenta. Entonces sabía que iba a hacer planos cerrados de su cara. De frente y como foto del DAS: de perfil para ambos lados.

Con algo de dificultad, bajó por las escaleras el profesor Mockus. Lo saludé con una sonrisa de oreja a oreja. Cuando lo tuve de frente, le confesé que para mí era un gran privilegio conocerlo y saber que le iba a tomar unas fotos, que era un gran honor. Caí en cuenta, escribiendo este texto, que siempre siento lo mismo por cada persona que se para al frente de mi lente: un gran honor de tomarles fotos.

Me pongo corbata, preguntó. Le ayudé a hacer el nudo.. Así que cualquier comentario, venga pa cá.

Y bueno, unas fotos que iban a ser como en 20 minutos se alargaron por casi dos horas. Se alargó porque hicimos muchas variaciones y nos movimos por toda su casa. Además, decidimos hacer la representación de la tirada de agua que fue tan controversial en su momento. Inolvidable el tema.

Lo mejor de la sesión, sin duda, fue que de estas fotos salió la portada de la edición No. 32 de la Revista Bocas.

Acá algunas de las fotos que le tomé al profesor Antanas Mockus.

antanas mockus
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Bocas: Beatriz González

Tal vez esta es una de las fotos que me ha dejado más feliz como fotógrafo. Me dejó un buen sabor en la boca este retrato. Y que bien que haya sido publicada en el tercer aniversario de la Revista Bocas. Gran honor.

Cuando llegué al estudio de la maestra Beatriz González, ya había visto algunas de las fotos que le habían tomado antes. Sabía que cabría dentro de las posibilidades que fuera un gran reto fotográfico. Y lo fue. No creo que haya hecho más 10 clicks.

"No me haga reír que no me gusta como quedo en las fotos cuando me río", palabras más, palabras menos, fue el saludo de la maestra santandereana. 

Una caja de luz suave, una luz de relleno a la izquierda de la cámara. Una mesa "perfecta" para pose de manos. Un par de indicaciones sencillas y listos.

Maestra, le dije, por favor escoja sus pinceles favoritos y téngalos en su mano mientras le hago un par de fotos. Gire su cara un poco hacia su derecha y míreme. 

La idea de que su cabeza quedara dentro del caballete me pareció clave, para después en edición darle un look de pintura a toda la foto. Viendo la foto publicada, quedé convencido de que éste había sido un buen retrato. 

Y me alegró haber tenido la oportunidad de tomarle fotos a una, sino la más importante, de las artistas pop de Colombia.

 

Beatriz González_Pablo Salgado

El paradero de Don Chinche

Hace unos meses, bastantes ya, la Revista Bocas me invitó a hacerle fotos a la gran leyenda de la televisión nacional, Héctor Ulloa, el mismísimo Don Chinche. 

Cuando llegué a su casa, el hombre estaba muy elegante. Todo un político. Y es que acababa de serlo: había trabajado con la Gobernación de Cundinamarca.

Después de saludarlo y darle las gracias por haber hecho reír durante muchos años a mis abuelos paternos, le pregunté si todavía tenía el vestuario de Don Chinche. Me dijo que sí. Empecé a sentir ansiedad. Le dije que me encantaría tomarle fotos con su atuendo de personaje. Hacerlo como homenaje. El Chinche no puso ninguna resistencia y subió a su cuarto por la pinta. Llegó a la sala con dos bolsas gigantes de plástico y dijo que en una de esas había cargaderas y corbatas que durante muchos años, la gente le había regalado. Increíble ver todo eso. Era como abrir un "baúl de la abuela". 

Encontró entonces sus chiros completos de Don Chinche  y se dispuso a vestirse. Fue una maravilla de escena. Una escena que nunca me imaginé ver. No lo vi en calzoncillos por si tuvo la duda. Pero si supe cómo era que se vestía. Con seriedad. Con amor por su personaje. Vi cómo eran sus zapatos. "A veces usaba estos, los otros que usaba no sé dónde están". Que maravilla. "Esta si es la corbata original", el sombrero, camisa, pantalón, tirantas. Todo el set completo. ¿Yo yo? Tome fotos.

Usé un poco el método de los matrimonios, confieso. Nada diferente, sólo que en lugar  de novia con vestido blanco y joyas, era un personaje de la farándula criolla con pantalón mostaza, camisa de cuadros, corbata de rayas y cosas de esas.

Entonces lo que hice fue tomarle fotos a todo el proceso de conversión. Mágico. Luego le pregunté con mi mano estirada si le gustaría salir a la calle con "esa maleta que está ahí". Agarró la maleta y estábamos listos. "Excelente Don Chinche, usted si que es un personaje querido", pensé. Y nos fuimos para la calle.

Con mi cámara en la mano y perseguido por un personaje de oro de la televisión colombiana, salimos a buscar paradero para hacer las fotos. "Dime dónde me paro", me dijo El Chinche.

Le di un par de indicaciones mientras saludaba a algunos transeúntes que le decían "buenas Don Chinche". Había un par de vecinas asomadas en las ventanas de sus casas pendientes. Muy pendientes. De inmediato me di cuenta que el actor se había metido de nuevo en su personaje. Increíble. Lo puse a caminar unos pasos. Le dije que se recostara contra el muro. Que me ignorara. Que hiciera de cuenta que estaba esperando a su novia. La de la serie. Y eso hizo. Muy obediente el Chinche.

Después me acerqué y le dije que necesitaba que hiciera todos los gestos típicos del personaje. Y empezó como si hubiera dejado de hacerlo ayer. Con levantada de mano y hombro. Con la subida de mentón, etc. 

No me alargo más en este asunto. Pero sólo les cuento que al final le pedí un abrazo. Le dije que era en nombre de mis abuelos que hubieran hecho lo mismo de estar vivos y al frente de él. Entonces fueron como tres abrazos en total.

Acá las fotos de ese día inolvidable en mi vida. Las fotos de un personaje muy colombiano. De un humor típico colombiano. De nuestro "cantinflas".