pablo salgado fotografía

Un punto de arranque

Borrón y cuenta nueva. Así empieza este 2019. La lista de propósitos es enorme. Pero tengo claro que uno de los propósitos es escribir más, sobre todo, en este blog.

Y además de escribir, estaré publicando fotografías. Si. Que no se me olvide que soy fotógrafo. Pero uno al que le gusta escribir.

Y los invito a que hagan lo que quieran que hayan pensado como propósito y lo compartan. Si tiene que ver con el oficio de la fotografía, buenísimo ver o que hacen. Si es escribir, manden enlaces para leerlos.

Si es lo que sea y quieren que los veamos, empiecen haciéndose visibles. Ese puede ser un buen propósito este año bacano que arranca.

JAMES RODRIGUEZ

Bocas: Nestor Humberto Martínez

Sigo pensando en Gregory Heisler y en Dan Winters cuando le tomo fotos a los políticos. No me alejo de David Hobby quien me dio las pautas para el mejor uso de los speedlights, luz de separación, paraguas, claroscuros, "Rembrandt". Me gusta el tema de convertir a los personajes en íconos. Tal vez voy encontrando un sello en los retratos y así como Irving Penn los arrinconaba para fotos a sus personajes, me gusta tomar la foto de perfil de estos señores que de alguna manera, siempre nos muestran sólo una de sus facetas.

Como casi siempre pasa, llegamos al lugar de las fotos sin haber estado nunca. "Es en la casa de él", me dijeron. Eran como las 8 de la noche. Nos recibió en la sala-estudio. Ahí había una silla como las que uno ve en televisión que tienen los psiquiatras. Le dije que hiciéramos una terapia. Ese comentario terminó tomándose por broma y en lugar de acostarse, se sentó en el borde para la foto y le pregunté qué libro estaba leyendo. No recuerdo el título (no tengo tiempo para anotar tampoco, ni gozo de buena memoria) pero algo tenía que ver con procesos de paz en otros países.

Hice un paneo rápido del lugar y vi un par de fondos que me gustaron. Puertas altas y oscuras. También usé mi colapsible (Fondos Botero) y una silla. Hice todas las fotos con un speedlight + octa y en la foto de la silla psiquiátrica, mezclé luz ambiente con el octa.

Le pregunté por una foto de su papá. Significó mucho para él. Sacó la foto y les hice una foto juntos. Lo vi emocionado. "Es la mejor foto que le tomaron a mi papá en la vida", dijo.

Estas son las fotos de este personaje.

 

  

Don Juan: Doctor De Greiff, prenda la pipa y eche humo

Eso fue lo que en resumen pasó en esta sesión de fotos con el ex fiscal Gustavo de Greiff. El primer fiscal que tuvo Colombia.

Cuando llegamos a su casa, subimos a saludarlo. Una casa de arquitectura inglesa, llena de pisos y pequeñas habitaciones apenas alumbradas por la luz que alcanza a entrar entre ventanas cuadradas. Cálida.

Ahí estaba el señor fiscal. Con todos sus años. De mirada lenta. Hablando con palabras precisas y justas. "Quieren subir a mi oficina?", preguntó. Cuando estábamos allá arriba vi que tenía colección de pipas. "Ah, usted fumaba pipa?", pregunté. "Fumo", me aclaró. Pues doctor, lo invito a que agarre su pipa favorita. Vamos a tomar las fotos a lo Hollywood, le dije. Se rió. Y después se volvió a reír con otros comentarios. Simpático resultó el personaje que hace parte de la historia viva de este país.

Ese tema le gustó. Comentó un par de cosas sobre su cachimba y otras más sobre los tabacos, dónde los consigue, cuáles son mejores que otros, etc.

La entrevista se la hacía la revista Don Juan mientras yo organizaba la foto. Puse un telón oscuro detrás de un escritorio, tapé una de las ventanas para poder tener más control de la luz, hice un par de pruebas de luz y entonces invité al fiscal a sentarse para las fotos.

El efecto del humo de la pipa, fue mágico. El fiscal estuvo muy receptivo con las indicaciones para las fotos y quedé muy contento con los resultados. Me acuerdo haber leído sobre iluminar el humo desde atrás para que resalte más y con fondo oscuro, se vería mejor. Eso hice. Y una vez tuve la luz, empecé a darle pequeñas indicaciones, como "saque todo el humo que pueda, doctor". 

Acá presento todas las fotos que les pasé a los editores. 

 

 


Familia: En el ballet con Mariana

A sus seis años, Mariana ha encontrado en el ballet un espacio increíble para la pasión. No se pierde una clase. Sale feliz a mostrarnos sus pasos nuevos.

Me invitó un día a clase para que le tomara fotos. Antes de empezar, hicimos unas tomas y sentí emoción de verla amando realmente el ballet.

Por eso disfruto este tipo de actividades. Acompañar a mis hijas en sus progresos. Paso a paso. 

Estoy seguro que seríamos más felices si invirtiéramos tiempo adicional al baile y a estar con nuestros hijos.

 


Las sociales de Guacarí

¿Fotos de la gente en las mesas?

Hágale. Vamos a hacerlas divertidas. Diferentes. Casi siempre utilizo el recurso de las preguntas inesperadas para tener reacciones y poder hacer fotos sociales pero espontáneas, genuinas, sin posar pensando en Revista Jet-Set o una de estas. 

"Abrácense todo lo que se quieran". "Hagan de cuenta que se quieren". "¿No tiene pareja? hagamos un SOLO". "Mírela y dele un beso HOLLYWOODESCO". "Vamos a hacer portadas de libros". "Abrácelo como suéter de paseo". "¿A ver cómo bailan en la silla?". "Pablo, nos toma una foto por favor? Claro, vamos al sofá y hacemos un poster de película". "Hola, soy el fotógrafo, por favor me colaboran abrazándose con el cachete? Gracias".

Muchas opciones de hacer cosas diferentes. Y si los invitados se prestan para hacer fotos de estas, todo todo TODO es más divertido.

 

Personal Project: Ruven Afanador

"Maestro, soy Pablo Salgado, fotógrafo colombiano, voy para Estados Unidos y me encantaría conocerlo. Admiro su trabajo y su maravillosa carrera artística. Como parte de mi presentación, le adjunto un par de fotos que me publicaron recientemente en la Revista Bocas de El Tiempo. Son la maestra Beatriz Gonzalez y el maestro Antonio Caro". Al día siguiente me respondió. Era la mejor de estas dos opciones: si no me responde, no pasa nada. Pero qué tal que me responda. 

"Te invito al lanzamiento de mi libro Angel Gitano el 6 de noviembre. Las fotos que me mandaste son buenas en todo nivel".

Tenía que ir a Nueva York.

Ya instalado en Nueva York City, me fui temprano para saber bien dónde quedaba la galería. Caminé. Cogí metro. Caminé. Me perdí. Llegué al edificio donde está Throckmorton Fine Art. Subí al tercer piso y cuando se abrió la puerta del ascensor me recibió de frente una fotografía, la misma de la portada del libro Angel Gitano. Me emocioné demasiado. Me recibió también una relacionista pública quien me indicó dónde estaba el maestro. Luego me dijo que apenas terminara esa entrevista podría ir a saludarlo. Y así fue. 

Cuando lo vi, le dije: "Maestro, usted es altísimo". Después, para que me ubicara, le mencioné que le había enviado un email la semana anterior. Lo recordó. Me saludó cordialmente. Luego le hice preguntas. Le pedí consejos. Me contó cosas como: "Cuando estoy tomando fotos, no estoy muy pendiente de cómo están quedando, no me pongo a verlas en la cámara; casi que las hago sin pensar".

"En Colombia pasan muchas cosas interesantes, pero la fotografía no la pagan bien; no se valora bien el arte", me dijo con una profunda mirada desde sus 1 con 86 metros. 

"Es muy importante tener un agente que te represente, te verás y te verán más profesional", dijo mientras revisaba con la mirada si ya venían los de Univisión para su siguiente entrevista. 

"Una persona que influyó mucho en mi carrera me dio dos consejos: no deje de tomar fotos; tome todas las fotos que más pueda; y vaya a Italia...", luego me confesó que haber ido a Italia "fue una experiencia terrible". Pero sin darse cuenta, fue lo que lo impulsó hacia Nueva York.

Cuando llegó la periodista de Univisión, suspendimos la charla.

Le pregunté: "le puedo tomar una foto Maestro?". Nervios? No hubo tiempo para nervios. Todo pasó muy rápido. Recursos... Qué recursos tengo??? Me pregunté en ese instante y me lo sigo preguntando ahora.

Cuarto oscuro. Escalera metálica. Mesas dobladas. Cortina de terciopelo negro, luz de oficina en el techo alto. Maestro, párese ahí por favor. Muy bien. Ahora espéreme un segundo por favor y traigo una silla. Siéntese como ud más cómodo se sienta. Se me ocurrieron preguntas brillantes para sacar alguna reacción en su cara. Silencio largo. "Cuándo cumple años? Cuál ha sido el mejor regalo que le han dado?". Al frente de mi lente estaba una cabeza brillante buscando respuestas a preguntas que sólo buscaban una reacción de menos de un segundo. Mirada que piensa. Sonrisa. Una respuesta rápida: "no me acuerdo". Después de varias fotos, dejo de disparar la cámara y le digo: gracias maestro. "Pero no me pusiste a hacer nada", me reclamó. "Yo sé que no soy fotogénico", me disparó.

Mientras lo entrevistaban, pasé a la oficina de Spencer, el presidente de la Galería, quien apenas supo que acababa de llegar de Colombia, fue y sacó un libro de gran formato y me lo regaló. Más que merecido el abrazo. "Un día estaré exhibiendo acá", le dije. Y me dio una tarjeta diciéndome que le encantaría ver mi trabajo.  

Cuando el maestro terminó la entrevista se puso una bufanda y se disponía a salir con prisa. 

Maestro, lo acompaño a coger su taxi. No fue una pregunta. 

Nos subimos al ascensor. Sí. Ahí estábamos sólos Ruven Afanador y yo. Él estaba en la esquina izquierda del fondo. Tenía la cámara en mi mano de manera que lo enfoqué y le pedí que no me mirara. Foto. Párese en el centro por favor. Se movió. Foto. Tres pisos abajo, se abrió la puerta del ascensor. "Estas me gustaron más", me dijo. Sonreí. Sonreí toda la tarde. (Todavía estoy sonriente).

Afuera. Un día lluvioso en Nueva York. En la esquina de la 57th con Lexington. Ruven Afanador esperaba un taxi. Taxi que se demoró unos minutos. Minutos que aproveché para hacerle fotos. Todos los ángulos. Todos.

Traté de distraerlo para alargar unos segundos su compañía. "La luz de Nueva York es una maravilla, le dije. Vea cómo se cubre con neblina la parte de arriba de esos edificios. El miró. Seguí disparando. Agachado. Parado. Me paré al frente de los carros que estaban en semáforo en rojo. Foto. Foto. "Si están quedando buenas?", me preguntó mientras buscaba un taxi con la mirada. 

Paró un taxi. Y yo, de tomar fotos.

Se subió rápido. "Nos vemos a las 5.30", me alcanzó a decir antes de que su enorme brazo jalara la puerta amarilla que me dejaba como a un niño que suben en la máquina de monedas y se acaba el tiempo. Todo se quedó quieto de un momento a otro. Incluso el maestro Ruven Afanador. En mi memoria. En mis fotos. Así: quieto. Sin prisa. Congelado para siempre.

Dos semanas después sigo viendo estas fotos imprevistas que no me imaginé tomar.
Las he visto mil veces.  

Y llegó este día. El día de contarles a ustedes esta experiencia niuyorquina. El día que conocí y fotografié a Ruven Afanador, como si yo fuera un niño jugando a ser el fotógrafo del fotógrafo.

Después fue el evento y la firma de los libros Angel Gitano y Sombra.


Acá las fotos improvisadas.