Si le gusta bien. Si no le gusta, también bien. Ok.

Eso me tranquiliza...

Nosotros los fotógrafos somos artistas. Hacemos el trabajo con pasión. Estudiamos la luz. La entendemos. La buscamos. La aprovechamos. Corremos muebles. Bajamos cuadros. Abrimos ventanas. Cerramos cortinas. Nos acurrucamos. Nos acostamos boca abajo. Nos trepamos. Y además, hacemos fotos.

La fotografía se ha convertido en una fascinación absoluta. Y en cada trabajo que hago de fotografía, me entrego al cien por ciento. Primero porque me encanta. Segundo, porque cada sesión es un reto gigante y es la oportunidad para llevar mi arte a otro nivel. Están en juego muchas cosas: la creatividad, la versatilidad, la calidad de la imagen, la composición, la edición... Ser capaz de mostrar algo normal de forma diferente. Única. Y que me deje feliz. Si es para un cliente, lo ideal es que también quede feliz el cliente. Ese es mi compromiso.

Muy bien. Todo muy bonito. Pero hablemos de la mejor parte: le pagan a uno por hacer este trabajo. La combinación perfecta. Estoy casi seguro que seré fotógrafo por el resto de mis días. 

Me la paso estudiando fotografía. Hago talleres, seminarios, leo.  Me gusta invertir y mejorar mi equipo. Me gusta usar aplicaciones con las que puedo convertir mis fotos en arte. Me gustan los retratos. Jugar con los filtros. Editar fotos. Me encantan los lentes. Los fondos planos o con textura. La luz natural. Las sombras. Me gustan los niños. Y las niñas. Los bebés. Las mascotas. Las familias grandes y pequeñas. Los matrimonios. Me gusta la fotografía.

Entonces viene el via crucis. Por un lado el tema de la pasión, el arte, el amor por lo que se hace; por el otro lado, el precio de las cosas y qué ofrecer. 

Bienvenidos al mundo de la independencia. Si. Tiene momentos felices. Muy felices. Casi todos felices. Y otros complicados. Donde uno tiene que ponerle precio a las cosas y decirle a los clientes por qué vale lo que vale. Unos aceptan. Unos piden descuento. Unos se quedan callados. Otros se desaparecen. Unos creen que era más caro. Otros contratan sin ver el trabajo.

¿Por dónde nos vamos?

El ejemplo del Ferrari me encanta. Uno va a un concesionario de Ferrari a ver una belleza de carros. Todo es espectacular. Todo deja la boca abierta. Tienen todos los juguetes. Cómodos. Rápidos. Modernos. Toda la tecnología impensada. Seguro me quedé corto. Tengo dudas, cuando uno va a comprar un carro de estos, ¿hay que ponerse corbata? ¿llevar maletín? ¿Le dan a uno descuentos por el carro rojo o el blanco? ¿le dan a uno café o whisky? Ni idea. 

El otro ejemplo más cercano es la tienda de Apple. Todo es una maravilla. Los diseños, los productos, los colores. Se me hace agua la boca. Es inevitable querer comprar todo. Salir con una bolsa del Apple Store es una experiencia preciosa. Todo en esa tienda parece ser necesario para el ser humano. Pero, ¿dan descuentos? No creo. ¿Ha preguntado si le bajan al iMac?  Yo no. Yo soy feliz en esa tienda. Me provoco de todo, pero sé que es lo que me gusta y me declaro amante de apple. Y si me alcanza, me compro algo de la tienda.

 Yo sé que no soy el mejor fotógrafo del mundo. Sé que hay colegas muy buenos y que hacen un trabajo excelente. Hay unos a quienes realmente admiro como personas y como profesionales. Me encantan los que rompen esquemas y protocolos y reglas. Con esos me identifico más. Sigo el trabajo de algunos fotógrafos que ya son leyendas y que les encanta compartir experiencias. De eso aprendo todos los días. De los grandes. Me distraigo y aprendo. Felicidad total. Por eso me gusta compartir conocimientos y esas cosas.

¿A quién le gusta lo que hago?  

A muchas personas. Pero al primero que le gusta lo que hago es a mi. Sé que no he hecho la mejor foto todavía y la sigo buscando. Eso me ayuda a evolucionar, practicar, explorar, equivocarme y corregir. Pero es importante que lo que hago me guste a mi. Después a los clientes que me contratan.

Estoy seguro, y saber eso me tranquiliza, que los clientes que ven mi trabajo y me contactan es porque les gustó mi trabajo. Punto. Los que no me llaman ni me contactan ni se manifiestan de ninguna manera, no aparecerán. Y eso también me tranquiliza. Y mucho. Así es este negocio y lo tengo claro. De hecho, eso también me gusta de mi trabajo.

Por eso les digo a mis clientes: si les gustó mi trabajo, me recomiendan con sus mejores amigos. Si no les gustó mi trabajo me recomiendan con sus peores enemigos y ahí quedamos empatados.

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