¡Qué gallo!

En mi reciente visita a Medellín, conocí a Luisa y su familia. "Él es mi papá", señaló a Carlos. Era en toda la cima del cerro Llanaditas en uno de los extremos de la ciudad. Allá estaban. Porque allá viven. Rodeados de pobreza y vecinos de la violencia. Después de apretarle la mano, Carlos emitió un ruido rarísimo con su boca. De repente y muy 'pluma en pecho' apareció un verdadero campeón. El 'Patae'pato". Con su abanico de plumas coloridas, un pico afilado y desenfudado. Con sus cuatro garras también le apretó la mano de Carlos. "Ganador de 11 peleas", dijo con claridad. Carlos. "Con esa pata de pato ganaremos muchas más", pensó el gallo.

En ese "paraíso" desde donde la pobreza tiene la mejor vista del mundo vive la familia de Luisa, niña de sonrisa permamente y sueños, muchos sueños por cumplir. Allá arriba, cerca del cielo fui invitado a compartir un rato con su familia y amigos más cercanos que son casi familia para ella: gallinas, un gallo de pelea, un palomo mensajero y varios perros. Uno de ellos que también come maíz con las gallinas. El caballo estaba de "turno". A todos ellos gracias por abrirme este espacio con "aire condicionado".







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